En un momento, se acercó a nosotros para culparnos de robarles unas fotografías. ¡Qué locura que llevaba encima!
Tanto Fierro como Pedro e inclusive el personal de veterinaria intentaron calmarlo. Pero no hubo caso hasta que entre todos, le obligaron a tomar un calmante.
Encontramos las fotografías cerca de una puerta sellada electrónicamente. En el otro extremo de la instalación, donde convergen los dos corredores. En realidad, son un burdo fotomontaje. Con el Oso explotamos de la risa. Pensamos en alcanzárselas al Jefe, pero convenimos que no sería buena idea. Creería que le estaríamos haciendo una broma.
Adjunto las "fotografías".


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