lunes, 2 de diciembre de 2013

Primer día bajo la Sombrilla

Gracias a un programa de empleo para personas privadas de libertad, fue que entré a trabajar al Refugio Sombrilla. No sabía nada de ese lugar. Mi agente de libertad condicional dijo que cuidaban perros. No me entusiasmaba juntar mierda pero cualquier cosa me venía al pelo con tal de salir del agujero en que estoy hace 3 años.

Gracias a Dios, el sitio resultó genial. Los canes son saludables, la limpieza es inmaculada y quienes se encargan de esta, son otros presos. Enterarme eso fue un alivio. Al menos evitaría los prejuicios.

Una grata sorpresa me llevé con el Jefe Fierro, responsable de Sombrilla. Es un tipo espectacular. Te trata como si fueras el hijo. No preguntó por mis delitos e intuí que no le interesaba. Nos guió a mí y a los demás convictos que llegamos por el establecimiento para que nos familiaricemos. Un gran tipo este Fierro.

Lamentablemente, cuando paseábamos por el patio, uno de los perros intentó atacarme. Para que te des una idea, los animales están libres allí. Me llamó la atención la cantidad de cámaras de vigilancia que hay afuera. Volviendo al tema, el Jefe Fierro se molestó un montón. Le dije que no se hiciera problema, que los perros suelen mostrarse reacios cuando conocen nuevas personas. Pero no le pareció satisfactoria mi explicación. El tipo agradable desapareció por completo. Fuera de sus cabales, nos trató de vagos y nos mandó a limpiar inmediatamente.

Aún así, no pude enojarme con él. Y creo que mis compañeros tampoco. Atribuí ese cambio de carácter a que el Jefe es un hombre muy ocupado y que debe estar bajo stress. Después de todo, no soy más que un delincuente.

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